Visitar el restaurante Giratorio una noche cualquiera de la semana y encontrarse con un local repleto es algo digno de comentar. El Giratorio, famoso en los 80, aun mantiene un público fiel y cautivo, además del interés que causa entre los turistas extranjeros ver, mientras comen, una panorámica de Santiago.
La primera –y última vez- que había asistido al Giratorio fue a mediados de los ochenta. Estaba de moda y era parte fundamental del circuito gastronómico santiaguino de aquellos años. Su básica gastronomía cumplía con los requisitos de entonces. Pasaron los años y comenzó a quedarse en el olvido y en el recuerdo. La explosión de nuevos restaurantes y chefs lo sacó de la ruta gastronómica gourmet y literalmente pasó –para nosotros- al olvido.
El local, abierto por Michelangelo Solari hace 27 años pronto conseguiría un socio. La familia Semprevivo, propietarios de una serie de fuentes de soda en el centro de la capital, entre ellos los famosos Ex - Bahamondes y las pizzerías Ravera, además de La Estancia, ubicada en el sector alto de la capital. Ambos decidieron continuar con este local y designaron a Mauricio Semprevivo como administrador del establecimiento, haciendo dupla con Marcela Inda, una agraciada argentina radicada en Chile. Ambos, diseñaron un plan que les ha dado grandes resultados ya que sin publicidad alguna y sin hacer ruido, logran mantenerlo constantemente con mucho público.
Sinceramente, cuando regresé hace unos días al Giratorio, pensé encontrarme con una palta reina y un filete a la pimienta. Sin embargo, la visita superó mis expectativas.
Nada de los ochenta existe hoy. Quizá el piano (y me juraron que cambiarían la alfombra). Pero mesas, sillas, vajilla, cubiertos y copería son similares a las que se utilizan actualmente en los buenos establecimientos. Copones para vino, alba vajilla y cuchillería y mesas con mantelería de buena calidad. Tanto como el pisco sour inicial y los amuse bouche que me recibieron. De entrada, un muy bien decorado y sabroso carpaccio de salmón, locos y ostiones (6.200) acompañado de un Trío (chardonnay, pinot grigio, pinot blanc) de Concha y Toro. Luego, una sorpresa. Un delicioso garrón de cordero patagónico con arroz silvestre (8.500) acompañado de una copa de Marques de Casa Concha merlot, definitivamente me cautivó. Una excelente preparación que –me cuentan- saca aplausos entre los comensales extranjeros que visitan este restaurante.
Una mousse de yogurt y Dulce Patria (3.500) sería el postre de la ocasión. Éste, en perfecta armonía con una copita de Amaretto di Saronno, completó un menú y una cena que realmente me sorprendió, tanto en la calidad de las materias primas utilizadas, como en su confección.
Marcela Inda, la simpática gerenta de ventas me cuenta que uno de los pilares del éxito del Giratorio han sido los menús ejecutivos que ofrecen al almuerzo y cena, ya que por un precio fijo (8.500 y 12.500 respectivamente) el cliente tiene aperitivo, entrada, fondo, postre, vino y café. Además, poseen una amplia carta de pescados, carne y aves y un menú infantil, lo que permite un gran abanico de opciones a valores muy convenientes.
Cuando un restaurante supera las expectativas de su público es sin duda un beneficio adicional. El Giratorio ya lleva 27 años dando vueltas por un Santiago que hemos visto crecer desmesuradamente. Con mucha suerte aun su privilegiada vista no ha sido obstaculizada por las nuevas construcciones y le permitirá, por bastantes años más, ser testigo del avance de esta ciudad mientras, en sus mesas, los turistas conocen en exactamente una hora y diez minutos la capital moviéndose a sus pies. (Juantonio Eymin)
Giratorio: Av. 11 de Septiembre 2250, piso 16, Providencia, fono 2321827